Nelson DiMaggio

“Eva Olivetti, nacida en Alemania en 1924, se radicó en Uruguay a los 15 años y aunque estudió en la Facultad de Humanidades y Ciencias y compartió las clases con los discípulos de Jorge Romero Brest, aprendió los secretos de la cerámica con Josep Collel y de la pintura con José Gurvich, permaneció estrechamente vinculada a cierta sensibilidad germana, que en desarraigo se nutrió del pudor expresivo y el aislamiento en su mundo interior.”

“Inquieta y viajera, se mantuvo alerta ante los cambios, aunque prefirió, como creadora, mantener una invariable fidelidad a la representación del paisaje en clave intimista, siguiendo la huella de los impresionistas alemanes Slevogt, Corinth y Liebermann.”

“No es por casualidad que sus paisajes se aparten de los que frecuentan sus colegas torresgarcianos, paisajes desolados y calcinados, sin presencia humana, recorridos por una pincelada ágil casi sin cuerpo material que sobrevuela la tela como suspendida en el aire. La levedad y gracia, las pequeñísimas variaciones cromáticas de ocres dominantes, a veces azuladas, transmiten un clima de nostalgia y desazón, de ternura dolorida.”

“Paisajes urbanos, calles desiertas, árboles solitarios, fragmentos de paisajes rurales o playeros, invernales, sin énfasis ni anécdotas, temblorosos como los trazos que navegan en primer plano sin ninguna determinación o destino. Están ahí, son, simplemente.”

“La selección del Museo Gurvich, “La plaza y los árboles de Eva”, obras fechadas entre 1967 y 1971, un período feliz por la unidad de concepción, es una demostración palpable de la capacidad de Eva Olivetti para homenajear a la pintura con los mejores atributos de la imaginación.”

— Nelson Di Maggio